Incendio en Dos Bocas agrava exposición de estudiantes a contaminantes: familias insisten en reubicación
Orsetta Bellani, Animal Político (FOTO: O.B.)
A unos kilómetros de la Refinería Olmeca, en Paraíso, Tabasco, dos escuelas públicas operan en condiciones de exposición a contaminantes que, de acuerdo con mediciones ciudadanas y parámetros internacionales, implican riesgos para la salud. Testimonios de familias y datos de calidad del aire apuntan a una problemática que se ha agravado tras incidentes recientes en el complejo industrial, como el incendio de este martes que dejó cinco personas muertas.
El jardín de niños Agustín Melgar y la primaria Abías Domínguez Alejandro colindan con Dos Bocas: sus bardas están casi pegadas a las de la refinería, cuyo mechero quema gas constantemente y domina las instalaciones escolares.
“La escuela no queda en esta zona [del incendio], sino completamente del otro lado”, afirmó la presidenta Claudia Sheinbaum durante su rueda de prensa mañanera de este miércoles, un día después del accidente que se produjo por una acumulación de residuos de hidrocarburos debido a las lluvias e inundaciones. En realidad, la distancia entre los planteles y el punto del incendio —que habitantes de Paraíso llaman “zona restringida”— es de unos tres kilómetros.

Atrás del jardín de niños, las instalaciones de la refinería. Foto: Orsetta Bellani
“Estamos preocupados por la situación a la que están expuestos nuestros hijos y por esto pedimos la reubicación; no es una cuestión política. La presidenta no está viviendo lo que nosotros”, dice María del Carmen Juárez Martínez, una madre de familia.
Para ella, las dependencias de gobierno “siempre tratan de ocultar las cosas”, igual que ahora con el incendio, del que la población de Paraíso se enteró primero a través de las redes sociales de los trabajadores de Pemex en lugar de por vías oficiales, como ha sucedido antes en otros conatos de incendios dentro de la refinería.
La Red Ciudadana de Monitoreo de Calidad del Aire instaló un sensor cerca del jardín de niños y de la primaria, el cual muestra que entre julio de 2025 y enero de 2026, durante más de una semana al mes, las alumnas y los alumnos respiraron aire que, según los parámetros de la Organización Mundial de la Salud (OMS), es dañino para la salud.
Madres y padres de familia afirman que a partir de 2024 sus hijos empezaron a presentar síntomas que, de acuerdo con personal médico, en el 66 % de los casos pueden estar asociados a los contaminantes de la refinería: ácido sulfhídrico, dióxido de azufre y compuestos orgánicos volátiles.
Sin embargo, en la rueda de prensa en Palacio Nacional, Sheinbaum afirmó que “se hizo un dictamen técnico de las afectaciones que pudiera tener y no salió de que [las escuelas] se requiere reubicar”; aun así —subrayó— se le pidió a Petróleos Mexicanos (Pemex) que lo hiciera.
De acuerdo con María del Carmen Juárez Martínez, antes de que empezara la construcción de la refinería, el entonces presidente López Obrador prometió la reubicación a las familias. “Lo que dijo la presidenta nos da una luz de esperanza, pero también nos pone a pensar que esto no es una petición de ayer, ya lleva años”, afirmó.
Los dos planteles de Paraíso se encuentran en Lázaro Cárdenas, una colonia de clase media que, horas después del accidente, cuando el incendio ya había sido apagado, estaba casi desierta hasta en las horas más frescas.

Aumenta la venta de vivienda en la zona. Foto: Orsetta Bellani
La gente pone a la venta sus casas
Animal Político realizó un recorrido por la colonia y pudo constatar que muchas de las casas ubicadas cerca del complejo industrial —que ocupa más de 700 hectáreas, antes cubiertas en buena parte por vegetación— hoy en día están en renta o en venta.
“Los dueños se han ido por el olor y la contaminación“, dice el trabajador de un Oxxo de Paraíso, con el tono de quien no se fue porque no pudo.
Una mujer que vende tamales frente a la tienda de conveniencia asegura que el olor que pica constantemente la nariz no se debe al incendio registrado horas antes, sino que a veces es muy fuerte y a veces menos, a veces huele a gas y a veces a otra cosa. Como todo olor: es difícil de describir, pero es fácil entender “que no está bien”.
La contaminación del aire en Paraíso no afecta solo a los habitantes de las colonias más cercanas a la refinería, sino a la población en general, causando dolores de cabeza, mareos y náuseas. El olor es intenso desde la entrada a Paraíso por Puerto Ceiba, donde la carretera turística en sus orillas tiene restaurantes de ceviche y camarones.
“Fíjese que el agua en los charcos de Paraíso es negra y el polvo que se deposita en las hojas de los árboles también”, asegura la vendedora de tamales, mientras prepara una bolsa para un cliente. No habla del ruido, tan fuerte como el de un cuarto de máquinas, que, a la par del olor, se desprende día y noche de la Refinería Olmeca.
Artículo publicado en Animal Político el 19 de marzo de 2026.

